capitulo 4

sábado, 15 de mayo de 2010 ·

4

Miro el cuerpo y sintio mil cuchilladas heladas desde su cadera hasta su cuello. Le habia arrebatado la vida. Dio tres pasos hacia atras y se recargo en la pared. Se embarro en la pared y se arrodillo. Puso sus manos en la cabeza y aterrizo en el suelo. Levanto su cabeza un poco para confirmar que no era una pesadilla: vio el cuerpo del oficial y un charco rojo a su alrededor. Miro su playera; manchas rojas. La mujer se le acerco y le puso su mano en el hombro. El la miro y se recosto en el suelo. Adopto la posicion fetal y se abrazo un rato. La mujer se sento a su lado, hundida en sus propios demonios. Un largo silencio. La mujer se levanto y se acerco al otro hombre. Se aseguro de que no hubiera danios severos. Lo sacudio un poco. Rover abrio los ojos. Lo ayudo a ponerse de pie.

-Ay… no…- dijo el al ver el cuerpo del oficial. Lo primero que cruzo por su mente fue un cuarto con barrotes.

 Rover cerro las cortinas y la mujer apago el televisor. Fueron por la mujer que se habia escondido hacia unos minutos.

-?Estas bien?- le pregunto Rover a la joven, pero no respondio. La deportista se sento con ella en la cama y la abrazo.

Rover regreso a la sala. Miro a su hermano tirado en el suelo. Vio su rostro y se dio cuenta que era la primera vez que veia a su hermano mayor tan destruido. Oyo algo en la calle y miro discretamente por la ventana. Vio gente correr. Todos actuaban como animales. Se tallo la cabeza y se sento en el sillon. Las mujeres salieron del cuarto y se sentaron a su lado. La mujer se dirigio a la ventana.

!Oh!- exclamo ella. Afuera habia una mujer con ropa de oficina que parecia estar bien. Se veia muy asustada y miraba hacia todas direcciones. Rover se levanto y llamo a su hermano. Pero este no respondio. Miro a las dos mujeres y luego afuera. Salio sin dudarlo. Se dirigio hacia la mujer, pero esta al verlo corrio en la direccion contraria.

-!Espera! !Hey! !Espera!- le gritaba mientras la perseguia. Ella volteo pero no se detuvo. -!Ven conmigo! !Ven aqui!

La joven disminuyo su velocidad. El se acerco, pero ella guardo su distancia. Le dijo que en su casa habia otras tres personas. Corrieron a la casa. Cerraro la puerta con seguro. Al ver el cadaver en la sala, la oficinista grito y se puso histerica. Trato de salir pero el la detuvo. Afuera alguien grito. Rover, la oficinista y la deportista miraron por la ventana. Cuatro muchachos huian desesperados mientras que otro grupo mas grande los perseguia. Algunos se salvaron; otros fueron asesinados brutalmente casi en frente de su casa. La oficinista se alejo de la puerta y se agacho. Pregunto por el banio. Se encerro y se le oyo llorar por un rato. Rover se sento al lado del cuerpo del oficial y lo estudio a detalle. Se recargo en sus rodillas y se tapo la cara. Lloro como hacia anios no lloraba. La oficinista salio del banio en media hora y no hablo con nadie. Nadie le pregunto nada. Unos querian prender la luz y la television. Otros prefirieron quedarse en silencio y a oscuras. Nadie tenia animos para hablar, o tenian demasiado miedo como para intentar hacerlo.

 

15 de abril 2010  1:15 a.m

 

Nada tenia sentido. No habia una ruta que seguir. El cadaver en la sala parecia burlarse de ellos. Su presencia estaba mas viva que todos ellos juntos. El hombre que no paraba de fumar se puso de pie. Camino en circulos y despues de unos minutos dio un golpe en la pared.

-Tenemos que salir de aqui- dijo casi seguro.

-Yo no me muevo- respondio su Rover.

-No podemos salir,- afirmo la mujer con ropa de oficina- afuera no es seguro.

-No podemos quedarnos aqui, esperando a que algo suceda- dijo despues de encender otro cigarro.

-No hay a donde ir. Tenemos que quedarnos aqui. – insistio la oficinista- Alguien vendra por nosotros.

-!Miralo! !Es un maldito policia! !Ya pasaron mas de dos horas y nadie viene! !Nadie se ha dado cuenta! ?Dijiste que lo viste hablar por el radio?- le pregunto a la chica de ropa deportiva.

-Si. Hablo por el radio. No escuche lo que dijo, pero si lo vi hablar por el radio- aseguro ella.

Sacaron el radio con cuidado del cinturon del oficial. Trataron de utilizarlo, pero el radio no servia, o nadie contesto del otro lado.

-Tienen que venir- dijo la deportista timidamente –Alguien vendra…

-No. No tienen que venir y no vendran. Lo sabes. Estamos perdiendo el tiempo. Tenemos que salir. Tenemos que ver que sucede. No podemos quedarnos aqui. Mira cuantas ventanas. Mira la puerta; la podrias tirar a patadas. ?Viste como se metieron a la casa de enfrente? Yo me voy.

-!Espera!- dijo alguien, pero ya se habia salido.

La primera en seguirlo fue la oficinista. Despues las otras dos y al ultimo su hermano. Caminaron sigilosos. Nadie hablo. Vieron sangre en las paredes y en el suelo. Al cruzar la esquina, vieron a una persona boca abajo. A su lado habia un tapete de sangre. No parecia llevar ahi mucho tiempo. Al verlo se detuvieron. La mas joven se puso histerica y la de ropa de deportes trato de calmarla. Se tiro al suelo y lloro desesperada. “!No! !No!” gritaba y se tapaba la cara, cubriendose como si alguien la fuera a lastimar. La deportista trato de levantarla, pero se resistia a cooperar. La mujer de ropa de oficina se acerco, la agarro del hombro y le dio una bofetada. Al ver que no se calmaba le dio otra con mas fuerza. Dejo de llorar y de gritar, y la miro a los ojos.

-!Callate ya! !Sigue caminando!- le dijo en un tono autoritario y la jalo. La joven, desconsertada siguio caminando y lloraba en voz baja. Los dos hombres miraban el cuerpo, la sangre y a la joven que lloraba. Caminaron de prisa. Vieron sangre en las paredes y en el suelo, ventanas rotas y escucharon gritos no muy lejos de ahi. Otro grito y silencio. No entendian lo que sucedia, pero sabian que tenian que salir de ahi en silencio y hacerlo con velocidad. Vieron luz en una casa, se acercaron y la luz se apagago. Tocaron el timbre. Nadie respondio. Tocaron dos veces mas y luego golpearon a la puerta. “!Ayudenme por favor!” Suplicaba la deportista, pero no le abrieron. Escucharon otro grito a lo lejos y se echaron a correr. Miraron para atras; nadie los seguia. Tocaron otras puertas pero ninguna se abrio. “Vamos para alla” dijo el hombre de los cigarros. Caminaron unas cuadras y llegaron a una bodega protegida con reja. Treparon por la reja y revisaron todas las puertas. Mientras revisaban, miraban a su alrededor en espera de la desgracia. Encontraron una que no tenia la llave puesta, entraron y se aseguraron de que no hubiera nadie escondido. Cerraron con seguro.

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